Continuando la historia
Nuevo final para Sé que estás allí
Por Bautista T.
CONSIGNA ELEGIDA: Un editor de tu novela te ha sugerido hacer un capítulo adicional para cerrar la historia. Escribilo respetando el narrador omnisciente y el estilo dela novela psicológica. ¿Qué focalización o perspectiva elegirías? ¿La perspectiva de Rosendo, de Lautaro, de Santillana, de Gabriela…? ¿Cuál sería más efectiva para mantener la calidad literaria y el efecto estético en los lectores?
Josefina fue al
colegio con muchas ganas de ver a su mejor amigo, Rosendo. Se bañó antes de
salir, se peinó el pelo y se echó demasiado perfume. La joven deseaba decirle muchas
cosas a Rosendo, ya que se había enterado del conflicto con Lautaro.
Francisco,
compañero tanto de Rosendo como de Josefina, le informó que Rosendo no
asistiría ese día a clases, que no estaba en aptas condiciones para ir.
Josefina, confundida con lo que le había dicho su compañero, pensó:
“¿Por qué no me habrá
dicho? ¿Hice algo mal? ¿Tiene que ver con su conflicto con Lautaro? ¿Lo habrán
expulsado?”
Pasaba la clase
de Matemática y estos pensamientos retumbaban en la cabeza de la joven.
Al llegar el
recreo de las 10 de la mañana, Josefina fue inmediatamente a la cafetería con
Gabriela, quien le contó el problema, al preguntar por Rosendo.
-
Hola, Gaby ¿Sabés algo de Rosendo, por qué no vino?
- saludó la niña.
-
No me digas Gaby, no soy tu amiga - respondió la
mesera.
-
Perdón, Gabriela, ¿Sabés por qué faltó Rosendo? -
insistió Josefina.
-
Sentate, que te sirvo jugo - ordenó Gabriela.
-
Escuchá, “chiquita”. Tu amigo no me dijo el porqué
de su ausencia. Solo me agradeció por haberle dado la evidencia de las fotos,
se dio media vuelta y se marchó. Lo único que me dijo es que quiere que estés
atenta al celular cuando salgas del colegio, así que supongo que te va a
escribir. Me parece que le gustás, predijo Gabriela.
-
Daa, Gabriela qué
decís. ¿Pero te dijo algo más? ¿Algún indicio de algo?, - preguntó ansiosa.
-
No, nada más.
Al estar cerca
de llegar al Ministerio, Pedro le dijo a Rosendo:
-
Rosendo, vos solo escuchá lo que decimos, no hables
y asentí en todo lo que decimos. Vamos a hablar con gente muy importante en el
hábito de la educación, además de que va a estar tu director del colegio,
Santillana.
-
¿Cómo? ¿Va a estar Santillana? - preguntó Rosendo.
-
No te preocupes, creo que está de nuestro lado.
- El señor Ferreyra los está esperando en su despacho.
Los tres caballeros pasaron al despacho, y
al abrir la puerta se encontraban Ferreyra, Santillana, Amadeo Rial y dos
hombres más pertenecientes al Ministerio. Éstos, cordialmente, se levantaron de
sus cómodos asientos, y estrecharon la mano con expresión de aprobación.
-
Buenos días - sonaron casi al unísono Ernesto,
Rosendo y Celoria.
- Buen día - respondieron todos.
Eran las tres y media de la tarde y Josefina recién estaba saliendo del colegio. En vez de ir con un grupo de amigos como era su costumbre, salió casi corriendo para su casa: estaba ansiosa por lo que le diría Rosendo. ¿Se había enojado? ¿Por qué tenía que mandarle un mensaje?
Mientras llegaba a su casa se le cruzaron
miles y miles de preguntas por la cabeza sobre qué le diría Rosendo y qué
pasaría con él. Ella no quería dejar de verlo, era su mejor amigo y encima le
había empezado a gustar. Le parecía un chico fantástico, con un muy buen
carácter y una sonrisa que a la joven la enloquecía. Con una mirada tímida pero
cálida y unos ojos color café tan brillosos como el mismo sol. Pero había algo
que no le cerraba. ¿Por qué mucha gente sabía que iba a faltar al colegio, pero
ella no? Ésa era la verdadera preocupación de Josefina.
En medio de tantos pensamientos, la niña
llegó tan rápido como pudo a su casa. Dejó la mochila en su habitación, agarro
el celular y aguardo impaciente en el sillón del comedor, con el celular a su
lado. Prendió el televisor, pero inmediatamente lo apagó debido a que estaban
pasando la película “Intensamente”, tratada sobre los sentimientos, tema que
ella no quería tocar en ese momento.
Pasaron minutos que se convirtieron en
horas, para un mensaje el cual no llegaría, o al menos eso creía Josefina.
-
Las seis y cuarto - pensó - Jose me va a matar.
Inmediatamente se puso ropa para la
ocasión, se lavó los dientes, se hechó perfume y saludó con una sonrisa a su
hermana. Marianela rápidamente entendió lo que iba a suceder en unos minutos.
Rosendo salió disparado hacia la casa de su
futura “novia”. Era la primera vez que el joven sentía atracción por una imagen
femenina. Nunca se había sentido flechado por una chica de su edad, y mucho
menos por una compañera. Era un sentimiento nuevo y abrumador, pero era mejor
de lo que creía cuando era pequeño. Cuando él era más pequeño, le daba hasta
“asco” pensar en eso, en besos, en amor. Pero ahora, era un joven maduro, un
hombre, encaminándose hacia su primer beso. Sentía cómo la panza hacía ruido por
los nervios y el corazón comenzaba a latir a más frecuencia. Estaba decidido.
Sería su tarde.
-
¿Quién es?- gritó Paula, la mamá de Josefina.
-
¡Rosendo!, - gritó el niño.
-
¡Rosendo! - saludó Josefina.
-
Hola Jose, perdón por haber tardado - se disculpó
Rosendo.
-
No hay drama.
-
¿Quieren pasar?- intervino Paula.
-
No gracias, salimos a caminar.
Comenzó charlando Rosendo. Le contó a
Josefina todo: el celular de Lautaro, la visita al Ministerio y el motivo de su
ausencia.
-
¿Y por qué no me dijiste que faltabas?- reprochó la
niña.
-
Porque necesitaba hablar con vos de varias cosas.
-
Bueno, ¿algo más que quieras decirme, Rosendo?
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